No te vayas, que la tormenta pase, pero entre tus brazos.
Lluvia. La que me despierta, la que me despeja, la
que me dice cuándo parar. Tan nostálgica y poética que nos permite evadirnos de
la realidad, aunque ésta siga estando presente, clavándonos astillas en los
ojos. Aquí me tienes, esperando a que decidas, a que me digas qué es lo que
debo hacer para evitar perderte. Yo no quiero, de ti ya no sé nada.
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